PORT ST. LUCIE, Florida -- A lo largo de su carrera como ligamayorista, y también cuando lanzaba en su natal Cuba, Orlando Hernández es bien conocido por tratar de engañar a todo el mundo -- su movimiento exagerado al levantar la pierna escondiendo sus lanzamientos, sus ocasionales disparos por un lado del brazo y su extraño cambio de velocidad al estilo 'Bugs Bunny'. Eso sin contar que muchos allegados al béisbol dudan que la fecha de nacimiento en el certificado de El Duque sea la correcta.

Toda esa intención de engaño en su mente refleja su más reciente episodio en la segunda salida simulada de Hernández con los Mets esta pretemporada. El Duque lanzó el martes como un hombre que ponía su brazo a prueba, muy lejos de ser un lanzador programado para aparecer en un partido real de exhibición el próximo domingo, o un pitcher en busca de un lugar en una rotación que da vuelta por primera vez en 14 días.

En cambio, el cubano lanzó como si estuviera audicionando para un papel en "Stu Miller Story." Se dice que Miller, alguna vez relevista de los Orioles, tiraba sus lanzamientos en tres diferentes velocidades -- lento, más lento y súper lento. Algunos de los 80 lanzamientos que hizo El Duque hubieran podido añadir una velocidad aun más lenta que las anteriores tres.

Cuando Hernández terminó de lanzar, dos hombres que habían supervisado su actuación no estuvieron de acuerdo con el número de disparos -- 75 ó 80 -- que el derecho había lanzado a una serie de bateadores que incluyó a Ramón Castro. Ambos estuvieron de acuerdo que ambas cifras cubrían el rango de la velocidad de El Duque.

Un 'scout' que había asistido para observar al pitcher "oponente" Mike Pelfrey, como también para ver a El Duque, manifestó que había perdido la mitad de su tiempo y dijo que la actuación de Hernández parecía una sesión de lanzamientos lentos similares a los que se hacen en el softbol. La falta de velocidad era inmimente.

Las críticas lanzadas por el cuerpo de instructores de los Mets se asemejaban a todas aquellas frases comúnmente utilizadas en los primeros días de marzo: "Está trabajando en este lanzamiento. Está tratando de encontrar su ritmo. No está tratando de ponchar a nadie. No se trata de velocidad".

Solamente la última frase parecía ser la más aplicable para la actuación de El Duque.

No sólo los lanzamientos de Hernández carecían de efectividad, pero también les faltó precisión.

En una secuencia de tres bateadores en su primera entrada de trabajo, El Duque golpeó a un bateador y dio dos bases por bola, la segunda con las bases llenas. El busca talento, un ex lanzador de Grandes Ligas, aplicó el término "miedo al bateador" a la actuación del veterano.

¿Pero quién puede asegurar que realmente fue así? Se trata de El Duque -- un pitcher estrafalario, ocasionalmente irritable y siempre engañoso. Su medidor de gasolina no siempre refleja el contenido de su tanque. Sus palabras están designadas para dejar un sinfín de interrogantes.

"¿Quién sabe lo que realmente está haciendo y por qué lo hace?", exclamó uno de los visores con un tono de enfado. "Quizás se molestó porque tuvo que trabajar en su día de descanso. Probablemente no quería lanzar a las 10 de la mañana. Quizá no durmió bien, con El Duque es casi imposible saberlo".

Los Mets no están seguros si tendrán una evaluación acertada de Hernández aun después de enfrentar a los Cardenales este fin de semana. Ni la ignorancia o indecisión acerca de la posibilidad de iniciar a Hernández en la rotación de abridores esta temporada tienen algo qué ver con la probabilidad de que el cubano quede fuera de acción este año, al igual que le sucedió en las últimas dos temporadas.