Bartolo Colón. (Marcio Jose Sanchez/AP)

Los equipos con la necesidad de reestructurar su roster han demostrado un gran aprecio por el valor - o al menos, el valor proyectado - en el mercado de lanzadores abridores.

Eso ha generado una tendencia que en el pasado se veía poco probable: Los abridores de segunda categoría disponibles en el mercado han demostrado ser un producto mucho más demandado que los llamados abridores de primera línea.

Existen varias razones para explicar esta rara tendencia, una de ellas es el hecho de que el grupo de afamados lanzadores abridores disponibles ahora mismo incluye a los dominicanos Ubaldo Jiménez y Ervin Santana, además de Matt Garza, ninguno de quienes, dada su reciente inefectividad y problemas de lesiones, hubieran sido la elección obvia para cualquier equipo hace apenas un año.

La compensación para ceder una selección en el draft es, por supuesto, otro asunto apremiante en el caso de Jiménez y Santana, en particular, debido a que posiblemente pagar de mas y ceder una selección de la primera ronda por el derecho de amarrar a largo plazo a un lanzador con un promedio de efectividad ajustado ligeramente mejor (112 para Jiménez) o similar al del promedio en la liga (100 para Santana) es un negocio riesgoso.

Luego existe un comodín en el japonés Masahiro Tanaka, cuyo posible posteo por parte de los Golden Eagles de Tohuku Rakuten presenta otra opción en el mercado ajena a cualquier compensación del draft. También es una opción que, como un punto pertinente para un club como los Yankees, tendría un impacto menor sobre un posible incurrimiento en el impuesto de lujo, dado que el monto que se tenga que ofrecer como posteo no contaría como gasto de nómina hacia el jugador.

Oh, ¿y mencione que existe una muy buena oportunidad de que el zurdo David Price sea canjeado? Porque definitivamente se trata de una opción de bastante peso que tendría a varios equipos esperando y disminuiría su interés en la agencia libre.

Razón obvia para pensar el por qué lanzadores como Tim Hudson (dos años, $23 millones con los Gigantes), Dan Haren (un año, $10 millones con los Dodgers), Josh Johnson (un año, $8 millones con los Padres) y Ryan Vogelsong (un año, $5 millones con los Gigantes) - brazos veteranos disponibles a contratos de corto plazo - volaron como pan caliente.

Y dadas las condiciones del marcado actual, quizás no debió sorprender ver que los primeros tres contratos de tres años o más - el de Ricky Nolasco por cuatro años y $49 millones con los Mellizos, Jason Vargas por cuatro temporadas y $32 millones con los Reales y Phil Hughes por tres años y $24 millones con los Mellizos - fueron otorgados a lanzadores que no tienen el nivel de ases pero quienes podrían acumular innings lanzados sin tener que vaciar la cartera.

"Muchos equipos han salido a buscar eficiencia en el mercado", dijo un ejecutivo de la Liga Americana. "Hasta el punto que existe y no dura mucho".

Dicha búsqueda de eficiencia continúa mientras se acercan las Reuniones Invernales en Lake Buena Vista, Florida, a celebrarse la próxima semana. Si consideramos lo antes mencionado, es posible que serpentineros como Bronson Arroyo, el dominicano Bartolo Colón y quizás Roy Halladay reciban un contrato antes que Jiménez, Santana o Garza lo hagan.

Después de todo, cada uno de ellos puede ser firmado a pactos menores a los tres años.

"Los equipos preferirían pagar de más a corto plazo", destacó un ejecutivo de la Liga Nacional, "en lugar de otorgar megacontratos".

Santana, Jiménez y Garza no deberían mostrarse impacientes este invierno. La flexibilidad económica adquirida en equipos como los Yankees (quienes, después de firmar a Brian McCann tienen pocas razones para preocuparse acerca de una compensación del draft), Marineros o incluso los Astros o Marlins significa que un contrato de mayores proporciones todavía es posible.

Pero una serie de situaciones - la espera por Tanaka, la posibilidad de que Price esté disponible vía cambio y la compensación del draft ligadas con Santana y Jiménez - han complicado el mercado de los mejores pitchers abridores disponibles, y los gerentes generales se han visto astutos a la hora de elegir a brazos de segunda categoría para llenar sus vacantes.