Michael Pineda. (Elise Amendola/AP)

NUEVA YORK -- Quizás alguien debería encargarse de traducirle a Michael Pineda las reglas no escritas del béisbol.

Pillado in fraganti, a Pineda hay que darle crédito por reconocer que metió la pata. El revuelo causado por la expulsión del lanzador dominicano de los Yanquis de Nueva York de un juego en Boston, cuando los umpires descubrieron que se había untado con brea el cuello para tener mejor agarre de la pelota, expuso algunos secretos a voces en el mundo de las Grandes Ligas.

Resulta que hay situaciones en las que se puede hacer trampa, pero sin ser tan descarado. Y esta fue una de ellas, por el frío. Aunque el uso de la brea está prohibido, todos se hacen de la vista gorda con la regla 8.02(b).

"Hay que ser un poco discreto, es que no puedes salir como si estuvieras cargando una botella de brea en el terreno", comentó el mánager de los Mets, Terry Collins.

Amén de ello, la reacción inmediata fue de:

1. Burlas. Meghan Duggan, la capitana del equipo estadounidense de hockey sobre hielo, imitó a Pineda tocándose el cuello cuando le tocó hacer el lanzamiento ceremonial en el juego del jueves en Fenway Park.

2. Recriminaciones. La insólita reincidencia del pitcher derecho que apenas dos semanas escapó por los pelos de una controversia similar cuando las cámaras detectaron brea en la palma de su mano.

Pero también puso en evidencia otro aspecto: la barrera del idioma es algo serio.

Tras el primer incidente, el 10 de abril, los Yanquis aseguraron que le explicaron Pineda que el uso de la brea o resina de pino está prohibido. Lo hicieron en inglés, no en español. Grave error.

En el aspecto de responsabilidades individuales, está más que claro que Pineda cometió un error, uno que le ha costado 10 juegos de suspensión.

Pero no se puede obviar el factor que, con 25 años, su dominio del inglés no es cabal, por más que ponga mucho ímpetu en interactuar con los periodistas anglosajones.

En Boston, Pineda insistió --muy imprudentemente-- que no necesita la ayuda de un traductor, ya que quiere aprender bien el idioma. Pues este no era el momento propicio para clases, lo que se confirmó cuando en reiteradas ocasiones los periodistas que hablan español le debieron traducir preguntas que no entendía. ¿Y así se espera que entienda cristalinamente todo los matices de las "reglas no escritas", explicadas en inglés?

Los Yanquis son un equipo con una nómina sobre los 200 millones de dólares y que incluye a tres astros japoneses. Esos tres nipones disponen de traductores individuales. ¿Por qué no tener al menos un empleado fijo que ayude a los jugadores procedentes de países latinoamericanos? Después de todo, el 22,6% de los jugadores que aparecieron en los rosters al inicio de la campaña vienen de países en los que el idioma es el español.

Como lo explicó recientemente a The Associated Press el jardinero dominicano de los Yanquis Alfonso Soriano, los japoneses que se trasladan a Estados Unidos son peloteros con carreras establecidas, que exigen la inclusión de un traductor en las cláusulas de sus contratos millonarios.

"Eso es un derecho que los japoneses se ganaron", dijo Soriano, quien empezó su carrera profesional en Japón. "Pero a un dominicano lo firman cuando tenía 17 años, y empiezan de abajo. No puedes pedir aviones privados, ni traductores. Lo que te dan son clases. Quizás tú no ves lo importante que es aprender el inglés mientras estás jugando en las ligas menores para que cuando tú llegues a las Grandes Ligas trates de defenderte con el idioma. Fue lo que yo hice".

Soriano sabe defenderse, pero muchos no pueden, y menos en situaciones complicadas.

Si de repente el mensaje del manager Joe Girardi y el coach de pitcheo Larry Rothschild a Pineda hubiese sido traducido con absoluto convencimiento que había sido entendido, quizás ahora el equipo no tendría que estar lamentado no disponer de una pieza clave de su rotación para dos aperturas, justo cuando otro lanzador, Iván Nova, quedó descartado por el resto de la campaña por una lesión en el codo.